Adoptar la inteligencia artificial no es lo mismo que decidir sobre ella
América Latina mide cuánto se prepara para la IA. La pregunta pendiente es si quiere tener voz en cómo se construye, o solo consumirla.
Por Redacción EPOCH
3 min de lectura
Reportería propia
Este es un editorial: expresa la posición de EPOCH como medio. Los datos que lo sustentan están enlazados en las notas informativas citadas.
Cada año, América Latina recibe una nueva medición de cuánto se ha preparado para la inteligencia artificial. La de 2026, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial de la CEPAL y el CENIA, trae buenas noticias en la superficie: más estrategias nacionales, más instituciones responsables, la IA en los currículos escolares de once países.
Pero debajo de esos avances aparece un patrón que debería preocuparnos más que cualquier posición en un ranking. La región se está preparando para usar la inteligencia artificial, no para decidir sobre ella.
Las tres dependencias
La primera es el cómputo. Brasil concentra el 87,7 % de las GPU identificadas en la región; el resto de los países, incluidos los mejor ubicados en el índice, dependen casi por completo de capacidad alquilada a unas pocas empresas extranjeras. Quien controla la infraestructura fija los precios, las condiciones de acceso y, en última instancia, qué usos resultan viables.
La segunda es la energía. La Agencia Internacional de Energía calcula que los centros de datos duplicarán su consumo eléctrico antes de 2030, y que hoy la gran mayoría de ese consumo está en Estados Unidos, China y Europa. Cuando América Latina compite por atraer centros de datos, lo hace a menudo ofreciendo energía, agua y territorio, sin la seguridad de recibir capacidad tecnológica a cambio. Lo explicamos en La inteligencia artificial ya se mide en teravatios hora.
La tercera es la de los materiales. Argentina, Bolivia y Chile tienen casi la mitad de los recursos de litio identificados del mundo, el metal de las baterías que hacen funcionar la transición energética y los dispositivos digitales. Pero no fijan su precio, que cayó un 86 % entre 2022 y 2025, ni fabrican las baterías. Los datos están en El triángulo del litio.
Decidir es más que regular
Frente a este panorama, la respuesta habitual es la regulación. Es necesaria: el estancamiento de la ley brasileña de IA muestra cuánto cuesta construir reglas incluso en el país con más capacidad de la región. Pero regular el uso de una tecnología no equivale a tener voz en su diseño.
Decidir sobre la inteligencia artificial implica cosas más concretas y menos vistosas que una estrategia nacional: presupuesto para implementarla (según el ILIA, solo Brasil y Colombia lo asignan explícitamente), capacidad de cómputo pública o compartida entre países, datos propios gobernados en interés público, y condiciones exigentes para las empresas que instalan infraestructura en nuestros territorios.
También implica conectividad de calidad. Un estudio de la OIT y el Banco Mundial estimó que hasta 17 millones de empleos de la región que podrían ganar productividad con la IA generativa están frenados por la brecha digital. Una región que no puede usar bien la tecnología difícilmente podrá decidir sobre ella.
El futuro es público
El secretario ejecutivo de la CEPAL lo resumió al presentar el índice: una incorporación pasiva de la inteligencia artificial puede profundizar las dependencias. Coincidimos. La pregunta no es si América Latina adoptará la IA; ya lo está haciendo. La pregunta es si lo hará como un mercado que consume lo que se decide en otra parte, o como una región que se sienta a la mesa donde se decide.
Esa es, en el fondo, la pregunta que da origen a EPOCH: quién diseña el futuro, quién se beneficia de él y quién tiene capacidad para decidirlo.
Fuentes y referencias
- Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2026 — CEPAL y CENIA
- Key Questions on Energy and AI — Agencia Internacional de Energía, 2026
- Mineral Commodity Summaries 2026, Lithium — USGS
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